¿Una brujita que teje con papel y lapicera?
¡Vaya prodigio, qué mágica hechicera!
En punto arroz escribe poemas.
En punto inglés, libretos para escena.
En Santa Clara, historias verdaderas...
Si es con ganchillo...¡Prodigios en espera!

(Regalo de María Alicia Esain)

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domingo, 25 de noviembre de 2012

FELIZ DÍA DEL MAESTRO


El 27 de noviembre se celebra tradicionalmente el Día del Maestro, y en este blog no podía faltar un merecido homenaje a todo los que han dedicado su vida a educar y formar a los hombres y mujeres del mañana. Que ellos sean siempre la luz en su caminar y que sus enseñanzas para construir un mundo mejor estén siempre presentes en sus corazones.
Para celebrar este día hemos contado con la participación de algunos de nuestros amigos, que amablemente se han brindado a dejar el recuerdo de los maestros que dejaron huella en ellos. Estas son sus vivencias.
MARINEL

"Era la hora del almuerzo. Un día más, mis sempiternas trenzas y yo, esperábamos en el patio del colegio a que salieran los mayores, entre los que se encontraba mi  hermana.
Sencillamente, no podía dar un paso sin ella, ¡pobre!
A sus pocos años, no podía jugar sin tenerme cogida de su falda.
Como cada día, su voz entre las amigas, recomendándome:
-Cómete el almuerzo.
-¡Es que no tengo hambre!
-Pues sin hambre, que luego verás mamá si te ve volver con él a casa.
Yo, desde mi altura minúscula, la miraba pegar mordiscos a su bocadillo, mientras el mío iba mareándose en la bolsa que no dejaba de voltear una vez y otra, hasta que en una de las vueltas, salió disparado al muro, saltándolo y dejándolo fuera del colegio.
El llanto no tardó en aparecer, las palabras de enfado de mi hermana; también.
Pero allí estaba ella:
La seño Isabel. Una vez supo, no tardó en reaccionar.
Con su mano blanca, su sonrisa fresca y su larga cabellera rubia, me tomó de la manita y me llevó hasta la clase. De su bolso, extrajo una deliciosa ensaimada y una chocolatina, seguramente para ella, pero que ese día fue para mí.
La señorita Isabel consiguió que ese día quedase siempre en mi memoria y en mi corazón, donde siempre la guardo, no solo por aquel gesto, sino por otros muchos que me hicieron quererla.

ANA GRACIA
Había que aprender las letras en primer grado, ¿por qué?
Yo quería pintar y jugar. Que tocara el timbre y saltar a la soga. Hacer amigos y reír.
La señorita me dejaba hacerlo. A veces me mandaba a hablar con la directora, creo que sólo para que caminara los dos patios, el abierto y el techado, y luego regresara, un descanso de la hora de clase.
Así pasó el año, entre dibujos que salían de la hoja y se pegaban a las mangas del delantal y yendo a la dirección donde la señora directora me decía:
- ¿Y qué pasó ahora?
Entonces charlábamos un rato para seguir haciéndonos amigas.
No aprendí las letras en primero, ni las tablas en tercero, ni la división por dos cifras en quinto.
A los maestros que supieron esperar el momento y no imponerlo, les agradezco haberme sentido entre las paredes de la escuela tan amada como en casa.


JOSÉ MANUEL


Que deciros de los maestros, jajajaja, tengo bastantes anécdotas y cosas, 

así que voy a contaros las que recuerdo.

El acto de sinceridad y verdadero interés que tuvo conmigo mi profesora de ciencias del instituto es algo que si habéis leído mi perfil en el blog conoceréis ya. Esa es una que me gustará compartir, de hecho la comparto como os he dicho.

otra:

Siempre he sido un niño con mucha pero que mucha imaginación. En la EGB tuve seis años seguidos a la misma "seño". Pues bien, llegué a pensar que tenía superpoderes porque cuando no quería que me preguntara porque no había estudiado, pensaba dentro de mi ("....que no me pregunte..... que no me pregunte....") y ese día no existía para ella. jajajaja. Hay que decir también que no era mal estudiante y que algunas tardes las pasé dibujando murales para el cole, mientras mis compañeros daban clase normal.


Don Joaquín.

Don Joaquín era mi maestro de matemáticas en sexto, séptimo y octavo de EGB. Era alto, rubio, con barba, y voz grave. Tengo que decir que nunca tuve un profesor que me hiciera entender tan bien las matemáticas como él. Pero a pesar de esto, Don Joaquín y sus "negativos" hicieron desarrollar en mi la capacidad de crear dolor de barriga de manera psicosomática (cada día que no tenía los deberes hechos).

"Don" Joaquín (antes les llamabamos de Don y Doña a los profesores, para mí era algo que les otorgaba mayor respeto si cabe), tenía dos peculiaridades que lo hacían todavía más especial. Una de ellas era que cuando entraba en clase y nos veía más alborotados de lo normal, con los dedos contaba hasta tres, con el uno ya sabíamos que iba a suceder y nos mirábamos todos con cara de complicidad y diversión, con el dos todo el mundo se preparaba, y con el tres, UAAAAAAAAAAHHHH!!!!!!!!! toda la clase a la vez lanzaba el mayor de sus alaridos. Y como si de un director de orquesta se tratara Don Joaquín con un gesto seco con la mano determinaba el final del grito. La clase podía empezar.

La otra peculiaridad también consistía en un grito, pero un grito de susto (para asustar), que él lanzaba sin venir a cuento, a lo mejor mientras explicaba calmadamente algo. Como un resorte, toda la clase pegaba un brinco en sus pupitres. Luego sonreía y seguía explicando. Mientras él alegaba que lo hacía con unos fines terapéuticos (nombraba algo del ritmo cardíaco y no se que más), yo sigo pensando que era como un estímulo para que no perdiéramos nunca la atención. 


Creo que de momento está bien (que si me pongo vais a necesitar un post para mis maestros solo jajaaj), espero que os guste.

MÁXIMO GONZÁLEZ GRANADO

Señor Segura

            “Hubo un emperador Máximo que murió degollado”. Lo decía asentado en su imponente presencia, con esa voz poderosa y profunda que parecía haberle prestado el mismísimo Zeus, colocando el puntero sobre mi frente mientras me miraba serio desde esa impresionante altura que no era solamente la distancia entre sus pies y su noble cabeza, sino mucho más, la altura humana que le proporcionaba su vasta cultura, sus sólidos principios, su exquisita sensibilidad.
            Bastaba que alguien asomado al pasillo anunciara que venía el Señor Segura para que de inmediato todos permaneciéramos clavados en nuestros asientos, en absoluto silencio, sabedores todos de que él no era un profesor como cualquier otro, con él estábamos condenados a prestar la máxima atención, no porque nos obligara con amenazas o castigos -nunca tuvo necesidad de castigar a un alumno- sino porque ejercía sobre nosotros una suerte de poder hipnótico, porque su discurso poderoso y mágico nos atrapaba y nos impedía cualquier otra cosa que no fuera caer irremisiblemente en el hechizo de sus palabras.
            Yo no sería quien soy sin la decisiva influencia en un momento crucial de mi vida de aquel catedrático de Geografía e Historia, aquel hombre de anchos hombros que solía vestir traje oscuro y gabardina, de una cierta feroz apariencia que se desvanecía rápidamente en cuanto reparabas en su limpia mirada y sus afán incansable por transmitir y comunicar su inmenso saber, su concepción humanista de la vida, su confianza en las aspiraciones de los jóvenes a los que educaba. Él guió nuestras primeras lecturas, nos transmitió su gusto por los libros y la buena literatura (mucho mejor que el profesor de la asignatura, que todo el tiempo nos hablaba de épocas, cánones  y clasificaciones); lo hacía con tal poder de evocación y convicción que a mi me resultaba imposible no acudir a la Biblioteca Pública para buscar y solicitar en préstamo los libros que contenían aquellas historias que nos servía en bandeja aquel excelente maestro, aquel hombre que manejaba las palabras como si fueran dardos que iban directos al centro de nuestros sentimientos.
            Nunca se preocupó demasiado por fechas y datos que en cualquier momento se pueden consultar en un libro, prefería que tuviéramos la capacidad de emocionarnos y conmovernos ante la contemplación de “El galo herido” o “La Victoria de Samotracia” o cualquier otra obra de arte.
“No me engañas” escribió con lápiz rojo en uno de los exámenes que hice con él; yo apenas había estudiado y traté de rellenar dos o tres folios exprimiendo algunas nociones que recordaba, estableciendo arriesgados paralelismos y deducciones por mi cuenta y riesgo. Y sin embargo eso era precisamente lo que quería de nosotros, que no nos limitáramos a repetir mecánicamente información, que fuéramos capaces de pensar por nosotros mismos, de opinar, de analizar. Me asombra que ahora, cuarenta y siete años después los teóricos de la educación llenen páginas de ensayos  y estudios sobre lo que mi querido Señor Segura practicaba de forma tan natural. Me puso una buena nota en aquel examen, y luego me dijo que tenía que estudiar más, pero que no dejara nunca de dejar volar mi pensamiento: a veces es el mejor camino para saber lo que realmente pasó o está pasando.
Hasta cuando nos reprendía aprovechaba la ocasión para  transmitirnos alguna enseñanza: “Hubo un emperador Máximo que murió degollado”, “Isabel no te creas Elizabeth, aquella reina de Inglaterra a la que no le tembló el pulso”, “Don Julio, debería usted pedir a los dioses que le concedieran una pizca de la imaginación que tuvo aquel tocayo suyo, de apellido Verne... y así sucesivamente, utilizando nuestros nombres y la reprimenda para colocar bajo el foco de nuestra atención a las grandes figuras de la Historia y la Literatura.
Él nos instó a leer Sinuhé el Egipcio, Ivanhoe, Los últimos días de Pompeya...para que aprendiéramos Historia; Los hijos del capitán Grant, La vuelta a mundo en ochenta días, e innumerables libros de aventuras y viajes para que aprendiéramos Geografía, aunque nunca fue partidario de compartimentar saberes, ya que era un humanista convencido y practicante, y no le cabía ninguna duda acerca de la interrelación y dependencia de todas aquellas parcelas que la escuela y los métodos de estudio se empeñaban en mantener bajo la denominación de asignaturas.
Y no sólo nos inculcó el gusto por los libros, la pintura y la escultura, también consiguió que nos interesáramos por la música clásica: acudía desinteresadamente los sábados al Instituto, donde en una de sus aulas nos juntábamos un puñado de alumnos y alumnas que habíamos comprendido que pasar un par de horas con aquel hombre sabio y bueno era de lo mejor que podíamos hacer con nuestro tiempo libre; aparecía con un puñados de discos del prestigioso sello Deutsche Grammophon, y antes de ponerlos nos embelesaba con descripciones y presentaciones tan certeras y bellas como la música que a continuación escuchábamos, intuyendo asombrados que algo sagrado y sublime latía en aquellas notas inmortales.
Amo la Música, la Literatura, el Arte...Los principios y la ética y la estética han sido pilares fundamentales en mi vida. Amo esta profesión mía de maestro que no es otra cosa que inculcar en los demás lo mismo que mi querido Señor Segura inculcó en lo más hondo de mi espíritu.


BEGOÑA


Ya para terminar, este bellísimo cuento que nos regala Ana Gracia, de su blog Cuentos de Tihada



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NUESTRO REGALO ESPECIAL
FELIZ DÍA, MAESTROS DE TODO EL MUNDO


8 comentarios:

  1. Reconozco siempre la emoción que supone para mí recordar ciertas etapas de estudios, a ciertos profesores, a la seño Isabel,que me parecía un ángel,a Don Enrique que me regaló el alfabeto árabe, a Doña Cristina que me abrazaba cada vez que le leía un cuento que me había inventado, a Don Joaquín, que me recomendaba sin descanso que me hiciese escritora y a Don Luis, que nos llevó en su propio coche a una excursión,porque contaron mal los asientos del autobús que ya habíamos pagado.
    Un sinfín de personas,educadores maravillosos que marcaron mi mente y mi corazón para siempre.
    Cómo no agradecer a todos vosotros el cariño,la dedicación e incluso esa complicidad.
    Mi más absoluta admiración a vuestro oficio.

    Todas las historias son emotivas,con ese algo divertido y nostálgico que las puebla.

    Besos para tod@s.

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    1. Grcias Marinel !!!realmente hoy es una entrada muy emotiva y vuestras aportaciones son deliciosas cada una con su "tinte" personal !!!! he disfrutado mucho con cada una, es un placer celebrar el dia del maestro con vuestros testimonios un abrazo emocionado y agradecido Begoña y Pilar

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  2. He pasado un hermoso momento leyendo tan sentidas anécdotas.Feliictaciones por este nuevo trabajo compartido!!

    Lamentablemente no tengo buenos recuerdos de mis maestros,aunque fueron excelentes transmisores de conocimientos.Quizás sea porque fui una niña extremadamente tímida que sufrió mucho el hecho que la adelantaran un año en la escuela sólo por demostrar en un test de inteligencia la capacidad intelectual.En esa época (hace casi 50 años atrás!) no se tenía en cuenta otros aspectos como lo emocional y social.
    Quizás por eso me dediqué a la docencia y tuve una atención especial sobre aquellos alumnos callados, sumisos, que no molestan, que les cuesta expresarse...

    Pero hoy es un día para festejar y felicitar a todos los maestros que dejan su alma en cada clase.

    Un gran abrazo!!

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  3. Queridas amigas, al leer reflexiono qué importante es tener en cuenta todo lo que se deja en un niño con cada gesto, con cada palabra...como se ve claramente en estas historias, algunas con recuerdos llenos de ternura, alegres o de reconocimiento por una acción que tal vez el maestro/a no le dio tanto valor, pero en alguno de los niños quedó muy grabado...

    Muy buena idea han tenido Pilar y Begoña para celebrar este día.

    FELIZ DÍA DEL MAESTRO Y UN GRAN ABRAZO!!!

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  4. Que gran abrazo de nostalgia!!! Que importantes son los maestros en la vida de un/a niñ@.

    Jajaja Leyendo a Marinel me he acordado de que me ocurrió lo mismo en el parvulario, el maestro me dió su almuerzo, porque mi madre olvidó las dos magdalenas ese día.

    Me encanta esto que habéis tejido hoy. Enhorabuena, y feliz feliz feliz día del maestro. Espero que dejéis en muchos niños la impronta tan maravillosa y duradera, que estos maestros y maestras del post de hoy dejaron en nosotros.

    Un beso enorme!!! :)

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  5. POESIA DEL DIA DEL MAESTRO

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  6. que bacan llo quisiera aser profesora particular grasias

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